La Disminución en la Destrucción de Bosques de Brasil
Corta La Carga de Gases de Efecto Invernadero
 
Información obtenida y traducida del artículo escrito por Kim Chipman y Yan Sofía - 13 /3/12 - Bloomberg

Mientras los líderes políticos y de negocios a nivel mundial se preparan para la Conferencia de Sostenibilidad de las Naciones Unidas Río +20 en junio, los líderes de Brasil están debatiendo cambios de política que podrían poner en peligro el liderazgo que el país ha ganado por reducir de la deforestación del Amazonas y las emisiones de gases de efecto invernadero.

Desde que fueron sede de la "Cumbre de la Tierra" en 1992, que produjo el primer acuerdo internacional sobre la protección de los bosques, Brasil ha pasado de ser la novena a la sexta mayor economía mundial, por delante del Reino Unido y sólo por detrás de Francia. La deforestación del Amazonas en el año pasado cayó a la tasa más baja desde que el gobierno comenzó a controlar la mayor selva tropical del mundo en 1988. La tasa se ha reducido casi un 80 por ciento en seis años.

"Hace una década, casi todo el mundo habría dicho que los esfuerzos para conseguir que Brasil deje de talar el Amazonas fueron un fracaso total", dijo Doug Boucher, Director de la Selva Tropical y la Iniciativa Climática de la Unión de Científicos Preocupados. "Gracias a un cambio en la dinámica política y el aumento de un fuerte movimiento ambientalista se convirtió en una historia de enorme éxito".

Ahora Brasil está en peligro de dar marcha atrás a causa de una propuesta para reformar el Código Forestal de 1965 del país, que obliga a los agricultores a mantener hasta el 80 por ciento de sus tierras como bosques, dicen los ambientalistas. La Casa y el Senado de Brasil han pasado cada una legislación que los agricultores y ganaderos dicen que es necesaria para actualizar la ley vigente la cual los activistas llaman de inaceptable.

Los proyectos de ley propuestos incluyen la reducción de la cantidad de bosque que los propietarios deben mantener, concediendo amnistía a los agricultores y eximiéndolos de la obligación de reforestar las áreas que fueron deforestadas ilegalmente antes de 2009. Las medidas aún deben ser reconciliadas y enviadas a la presidente, Dilma Rousseff, para su aprobación.

Rousseff, elegida como la primera mujer líder de Brasil en 2010, hizo una promesa de campaña para rechazar tales esfuerzos. También criticó al Ex Presidente Lula da Silva, por no haber hecho lo suficiente para controlar la deforestación.

La falta de vetar la legislación frustraría el objetivo del Brasil de reducir la deforestación en un 80 por ciento en 2020 y herir el nuevo rol del país como líder mundial del medio ambiente, según lo indican algunos analistas.

Los críticos dicen que van a estar observando a Rousseff de cerca para ver si ella usa su línea de poder de veto para eliminar las disposiciones que conceden una amnistía a los agricultores y ganaderos que han violado la ley.

La Senadora Katia Abreu, Presidente de la Confederación Brasileña de Agricultura y Ganadería, dijo en noviembre que Brasil perdería alrededor de $ 100 millones de dólares en la producción agrícola si los legisladores no aprueban una legislación que incluya una amnistía para los agricultores.

El Secretario Brasileño de Cambio Climático Mauro Pires dice que la estrategia de Brasil para combatir el problema es doble.

"Por un lado, nuestro esfuerzo se centra en reducir la deforestación depredadora ilegal a través de la supervisión", dijo. "Por otro lado, el esfuerzo está dirigido a aumentar las oportunidades de actividades económicas sostenibles, tales como la gestión forestal, el ecoturismo y la biotecnología."

Sobre el Cambio Climático

Un mayor énfasis político en la sostenibilidad ayudó a bajar las tasas de deforestación de Brasil tanto como otros esfuerzos importantes, tales como el monitoreo del gobierno, la presión de grupos ambientalistas y la posibilidad de un mercado global de carbono que paga a los agricultores para salvar los árboles, dijo Boucher.

Ese énfasis se inició con la elección del presidente Lula en el 2002, el cual marcó un "cambio importante" en el tono, dijo Boucher.

Lula, cuyo segundo mandato finalizó en 2010, abogó por una reducción en la deforestación de la Amazonia en un 80 por ciento. Es parte de un esfuerzo de Brasil, el cuarto mayor emisor de gases de efecto invernadero, para reducir su contribución hasta en unos 1,3 millones de toneladas en el 2020. Setenta y cinco por ciento de las emisiones de Brasil proceden de la deforestación, que a su vez es responsable de más del 15 por ciento de las emisiones globales de gases de efecto invernadero.

"Que Brasil mantenga este liderazgo podría muy bien depender de los resultados de esta lucha por el código forestal", dijo Stephan Schwartzman, Director de Política Forestal Tropical en el Fondo de Defensa Ambiental en Washington, en una entrevista. "El destino del más grande, y último bosque tropical que queda en el mundo está en juego".